Martha, la vecina en mi cabeza
Son las 2 de la mañana otra vez. Ese día que te propusiste irte a dormir temprano, tu mente te mantuvo rehén de un sinfín de pensamientos. Dándole vueltas por horas a la conversación que tuviste, lo que pudiste haber dicho…estoy segura de que hubiera sido la frase perfecta por decir. Si tan solo hubieras dicho o hecho… Ansioso por la junta de mañana. Preparando mentalmente tu presentación una y otra vez en tu cabeza. Todo desde tu cama sin poder dormir.
¿Por qué pensamos tanto en el futuro? ¿Por qué nos perdemos por horas imaginándonos todo tipo de situaciones, buenas y malas?
A veces nuestra mente es como un ente externo que nos lleva rehén a lugares que no queremos visitar. Por más que luchamos una y otra vez, nos vemos en ese cuarto discutiendo. Esperando que esta vez la discusión haya acabado de manera diferente. Y lo peor, es que cada vez que revivimos esa conversación es peor. A nuestra mente le gusta usar una lupa meticulosa a los pequeños detalles a veces inexistentes pero negativos de cada situación.
Es como si nuestra mente no fuera parte de nosotros… pero ¿si eso es cierto? Hay una parte de nuestra mente que no somos nosotros. Como un parásito viviendo dentro de nuestra cabeza.
Esa voz que nos dice que no somos suficientes, que nos recuerda todos y cada uno de nuestros traumas, que nos angustia con todos los escenarios terribles que pueden llegar a pasar en cada una de las situaciones de nuestra vida. Pero este pequeño y molesto parásito tiene nombre y apellido, vaya, dirección incluso. Este parásito se llama Ego. Y viene en nuestro paquete de bienvenida a la tierra, nadie se salva.
Los científicos y psicólogos recomiendan ponerle un nombre a tu Ego. “Que ridículo” pensé. Pero aun sintiéndome ridícula, decidí que mi ego se llama Martha. ¿La razón? No conozco a ninguna Martha para poderlo relacionar, pero en lo personal cuando me imagino a una Martha me imagino a una señora de alrededor de 60, pelo corto en peinado anticuado. Siempre metiendo la nariz en donde nadie le llamo. La típica señora imprudente, la que los comercios ya conocen porque saben que va a haber un problema. No, no una Karen, tampoco. Pero si una Martha.
Y si te llamas Martha, de antemano me disculpo, no es nada personal. Martha es la señora que vive en mi cabeza, que me dice que esos jeans ya no se me ven bien. Que me juzga por quererme quedar en mi cama y no trapear el piso.
Ay, Martha. Tan imprudente, siempre recordándome que tal vez dejé la plancha conectada ya que salí de mi casa y estoy lo suficientemente lejos para regresar a revisar. Martha la que me susurra en el oído que mis ideas son tontas. Martha la que me dice que sí me lo tengo que tomar personal y tener un día difícil.
El mayor problema con Martha es que si me descuido, se me olvida que es Martha mi vecina del piso de arriba susurrándome al oído y no mis propios pensamientos.
Tal vez a eso se refieran los científicos cuando me pidieron ponerle un nombre a mi ego. Si Martha no soy yo, entonces me es más fácil separar la realidad de la ficción. Es más fácil salir del trance de mentiras del que intenta convencerme mi ego. Puedo regresar más fácilmente a la realidad y concentrarme en el presente.
Martha siempre va a vivir en mi cabeza, por más cartas de evicción que mande. Pero sí puedo mudarla a un departamento más pequeño, con menos ventanas donde pueda sacar la cabeza a gritar.
Martha nunca va a estar satisfecha, no importa cuantas cosas compre. Siempre va a buscar que me compare con los demás y busque que tienen que yo no tengo. Y claramente tiene una enorme obsesión con el pasado y el futuro haciéndome vivir o de memoria o anticipación.
Lo que Martha no entiende es que el momento presente es lo único que tenemos. Es lo único que hay y que va a existir. Presenciamos el pasado en el presente y vamos a vivir el futuro en el presente.
Mi lucha contra mi ego es algo diario, pero que me ha llevado a conocer quién soy realmente y en quién me quiero convertir. Sin tanto ruido en mi cabeza es mucho más fácil ver la realidad y tomar decisiones consientes y firmes. Es más fácil ser una persona creativa, vivir con menos miedo y en general ser feliz. Me ayuda a poder vivir una vida de gratitud donde puedo ver lo todo lo que tengo, no sólo material, pero en todo sentido posible. Ayuda a que quiera cosas que vayan conforme a mi propósito de vida, que estén enfocadas en lo que sí quiero.
Luchar contra tu ego nunca va a ser fácil, es cómo un super espía, cuando te das menos cuenta conquista tu mente de nuevo. Pero honestamente, vale le pena la lucha de evicción.
Pam